jueves, 21 de julio de 2016

El corazón del Reino

Los niños desaparecían sin dejar rastro. Así que empezaron a escucharse rumores sobre monstruos que vivían en el bosque, en los pantanos, o en las cavernas de las montañas. Seres horripilantes que salían de sus guaridas para adentrarse en las villas, y secuestrar a los niños para luego comérselos.
Lo que aquellas desgraciadas gentes no llegaban a imaginar era que los monstruos no venían de fuera, sino del mismo corazón del Reino. Que ni la guardia ni las murallas de piedra servirían para protegerlos del peligro y la desolación, sino todo lo contrario. Que sin saberlo, vivían encerrados en la jaula con las bestias. Que aquella ciudad fortificada no era más que la ratonera que, tiempo atrás, unos gatos hambrientos les animaron a construir. Que en verdad, las criaturas horripilantes a las que tanto temían, vivían en los palacios y castillos reales, conspirando, acechando entre las sombras, aguardando el momento propicio para lanzarse de nuevo sobre sus presas.

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