viernes, 17 de febrero de 2017

De alma a alma



Algunas noches, al recostarme en mi cama y pensar en ti, siento brotar de mi plexo solar un torrente de amor tan intenso que mi cuerpo no lo puede soportar. Mi alma, abrumada ante semejante afluyente de emociones se pone a temblar, y abandona la agrietada vasija que la mantenía encerrada, para salir a tu encuentro. Atraviesa la pared o la ventana de tu habitación, y se acerca a ti con respetuoso silencio.
Esta noche tu alma sonríe; la mía está llorando. Pones tus dedos en mi barbilla para que alce la cabeza y podamos leer en el rostro del otro. Quisiera acariciar tu mejilla, pero cómo podría, si no soy digno de mirarte a los ojos. Pero tu alma, conocedora de mi dolor tan profundo, me envuelve en un tierno y comprensivo abrazo.
Si escribo esta noche aquí es sólo por si, por cualquier motivo, no pudieses percibir la vibración de esta hermosa, triste, aunque esperanzadora canción que entona mi espíritu por y para ti.
Las noches se vuelven amaneceres así, velando para que mis mejores y más sinceros deseos hacia ti se vean cumplidos: que tu vida sea aquello que sueñas que sea, que el miedo vuele lejos con el viento, que nada ni nadie consiga ensombrecer tu corazón nunca jamás, que el amor propio y la confianza en ti misma guíen tus pasos, y sean el alimento que nutran tu existencia a cada instante.

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