Espíritus guías

Pu Tai (Ho Tei)

El Buda sonriente o de la risa, conocido como Pu Tai en China y como Hotei en Japón, fue un monje vagabundo que vivió a mediados del siglo X y de quien se cuenta que alcanzó la iluminación debajo de un puente un día de tormenta y de lluvia, tras oír retumbar un trueno. Conocido también como el "vagabundo del saco de tela", Pu Tai recorría las aldeas y los pueblos de china recordando a todos los que se encontraba las virtudes de la risa y el buen humor.

-¡Maestro peregrino!-le gritó una niña cuando Pu Tai cruzaba el puente de los Suspiros sobre el río revuelto. -Mi padre, el erudito Fen Tao, solicita vuestra ayuda!
-¿Qué le sucede?
-Está empachado. Le pesa el vientre y se le nubla la vista-. Pu Tai accedió a ver a Fen Tao, un noble muy respetado en su poblado por su gran estatus, su poder y su inteligencia demostrada en su cargo de funcionariado. Era un erudito sapiencial. Leía cientos y cientos de libros y pareciera que su sed de conocimientos nunca tuviera límite.
-Gracias por venir-. Dijo el noble Fen Tao con el rostro congestionado.
-Me han dicho que es usted alguien que sabe administrar remedios caseros a según qué trastornos o afecciones orgánicas-. Dijo el noble.
-Bueno, ayudo a que las personas se curen-. Contestó Pu Tai.
-Parece haberme empachado la comida. Mis nervios me traicionan cada vez que debo presentarme a las pruebas para ascender en el escalafón del funcionariado. Las tripas se me anudan y me duele la cabeza.
-El trabajo es cosa seria- sonrió el peregrino-. Tanto que, a veces la seriedad se vuelve trabajosa-.
Pu Tai pidió agua caliente, aceite de sésamo, un abanico y un espejo grande. Cosa que extrañó al funcionario, así como a su curiosa servidumbre que se quedaron semiescondidos detrás de las ventanas para ver qué remedio milagroso administraba el peregrino.
Pu Tai solicitó a Fen Tao que se desnudase, se arrodillase con el trasero en alto y la cabeza apoyada sobre sus brazos. A Fen Tao le parecía una ofensa aquello que ese andrajoso y panzón vagabundo le estaba proponiendo. Pero finalmente accedió, pensando en que todo merecería la pena si aquél desgarbado individuo podía hacer que se mejorase.
Pu Tai le introdujo el agua caliente con el aceite a modo de enema por el recto y le dijo al ilustre funcionario que sacara la lengua para expulsar a los demonios del cuerpo. Luego le pidió que repitiera con él mientras se miraba al espejo:
-¡Oh, sombras de las letras muertas, salid de mi cuerpo, yo os lo ordeno!-. El funcionario repitió esta frase con la lengua tal y como le había instado el peregrino
 Al ver la ridícula imagen de sí mismo reflejada en el espejo se sintió sonrojado. Tuvo un arranque de querer concluir con la humillante sesión a la que el peregrino le estaba sometiendo, hasta que, de vuelta a mirarse, no pudo evitar reír de la cómica escena. Pu Tai rompió a reír también con él, con una risa estertónea que hacía que se agitara su abultada barriga, lo cual hacía todavía más graciosa la situación. Con el movimiento abdominal de la risa, los pedos del ilustre no tardaron en aparecer, primero finos, casi inaudibles. El agua caliente con el aceite terminaron de remover el tapón, y las ventosidades sonaron como truenos desbocados. Agolpados en la entrada de la casa de Fen Tao, los sirvientes y vecinos no paraban de reír a carcajadas. A estas alturas a Fen Tao ya no le importaba sujetarse a ninguna imagen de sí mismo. Así que siguió riendo revolcado por el suelo mientras gaseaba sin parar.
-Hermoso perfume a muerte- dijo Pu Tai entre risas, mientras abanicaba todo el hedor que dejaban las flatulencias del funcionario. -El empacho amigo mío no era tanto de comida si no de un exceso de conocimientos espúreos y de un rígido y vanidoso intelecto. -Estar solamente en la cabeza no es de ser inteligente, es de ser un intelectual. La verdadera inteligencia consiste en conectar la cabeza con el cuerpo y el corazón... Hay que hacer diariamente muchas tonterías señor, pues de lo contrario acabas convirtiéndote en un tonto.
Y así fue como, Pu Tai, en Buda de la Risa, como así lo llamaban, transitó por toda China, repartiendo y contagiando risas por todas aquellas personas que habían olvidado la gracia de reír.



Lin Chi (o Rinzai)


Cuando Lin Chi era un monje nuevo en la comunidad de Obaku, su conducta era simple y directa. El monje principal le recomendó diciendo:
-Aunque él es un monje novato, no obstante difiere de los otros. Y le preguntó:
-¿Cuanto tiempo has estado aquí?
Lin Chi replicó:
-Por tres años.
El monje principal preguntó:
-¿Todavía no has sido entrevistado?
Lin Chi dijo:
-Nunca, no sé qué preguntar.
El monje principal dijo:
-¿Por qué no vas a preguntarle al abate principal del monasterio, cuál es la esencia del budismo?
Por lo cual Lin Chi hizo lo que se le propuso. Pero antes de que hubiera finalizado de hablar, Obaku le pegó. Lin Chi se retiró. Cuando el monje principal le preguntó cómo había estado la entrevista, él dijo:
-Incluso antes de haber terminado de hablar, el venerable me pegó. No entiendo.
El monje principal dijo:
-Simplemente ve y pregunta de nuevo.
Lin Chi así lo hizo. Obaku de nuevo le pegó. Esto, la pregunta y pegarle, sucedió por tercera vez. Lin Chi se dirigió al monje principal y dijo:
-Eres tan gentil de enviarme a preguntarle al venerable. Tres veces he pregutnado, y tres veces me ha pegado. Me temo que estoy obstruido por mis previas circunstancias, y no entiendo su intención profunda. Así que por ahora, renuncio y me voy.
El monje principal dijo:
-Si te vas, tienes que despedirte del venerable.
Lin Chi reverenció de acuerdo a lo dicho y se fue.

El monje principal se dirigió a Obaku y dijo:
-Ese joven monje que llegó preguntándole, está verdaderamente apto para el Dharma. Cuando venga para despedirse, encuentra una forma para que continúe. Plantando para el futuro, él crecerá en un gran árbol que dará sombra a todos los hombres.
Lin Chi llegó para despedirse. Obaku le dijo:
-No debes ir a ninguna parte sino dirigirte a Daigu que vive cerca de los grupos de Koan. Él te explicará.

Lin Chi fue a donde Daigu, quien le preguntó de dónde venía. Lin Chi replicó que venía de ver a Obaku. Daigu preguntó:
-¿Y qué tenía que decir Obaku?
Lin Chi replicó:
-Le pregunté tres veces cuál era la esencia del budismo, y tres veces me pegó. Yo no sé si estaba en un error o no.
Daigu dijo:
-Todavía tú vienes aquí preguntándome si estabas en un error o no, después que Obaku, como una abuela vieja y buena, se ha tomado todo este trabajo por ti.
Durante esas palabras, Lin Chi tuvo el gran despertar y dijo:
-Después de todo, no hay nada más para Obaku que el Buddha-Dharma.
Daigu lo agarró y dijo:
-¡Tú pequeño diablo, que todavía te orinas en la cama! Vienes aquí diciendo que no sabes si estabas en un error o no, y ahora dices que después de todo no hay nada más para Obaku que el Buddha-Dharma. ¿Qué has visto? ¡Habla rápido, habla rápido!
Lin Chi mientras Daigu todavía lo estaba agarrando, le dio tres golpazos en las costillas. Daigu lo soltó y dijo:
-Vuestro maestro es Obaku. Eso no tiene nada que ver conmigo.

Lin Chi dejó a Daigu y regresó a Obaku quien viéndole venir comentó:
-¿Cuándo terminarán estas idas y venidas de este sujeto?
Lin Chi dijo:
-Es sólo por tu compasión de "abuela".
Entonces, después de las cortesías requeridas, se paró para concentrarse en Obaku. Este último le preguntó de dónde había venido. Lin Chi replicó:
-El otro día, fuiste suficientemente gentil de enviarme a Daigu para una entrevista.
Obaku preguntó:
-¿Qué dijo Daigu?
Lin Chi entonces le relató lo que había pasado.
Obaku dijo:
-¿Cómo es que este tipo ha llegado aquí? Simplemente espera, te voy a pegar.
Lin Chi dijo:
-¿Qué quiere decir que espere? Hazlo ahora mismo.
Y de acuerdo a eso le pegó a Obaku, el cual dijo:
-Este loco ha venido aquí a pegarle a los bigotes del tigre.
Lin Chi dio un grito. Obaku llamó:
-Ayudante, lleven a este loco al cuartel de los monjes.






Emperador Norton I


Primer y único Emperador de los Estados Unidos de América


 "En la petición y el deseo perentorio de una gran mayoría de los ciudadanos de estos Estados Unidos, yo, Joshua Norton, antes de la Bahía de Algoa, del Cabo de Buena Esperanza, y ahora por los pasados 9 años y 10 meses de San Francisco, California, me declaro y proclamo emperador de estos Estados Unidos; y en virtud de la autoridad de tal modo investida en mí, por este medio dirijo y ordeno a los representantes de los diferentes Estados de la Unión a constituirse en asamblea en la Sala de Conciertos de esta ciudad, el primer día de febrero próximo, allí y entonces se realizarán tales alteraciones en las leyes existentes de la Unión como para mitigar los males bajo los cuales el país está trabajando, y de tal modo justificar la confianza que existe, tanto en el país como en el extranjero, en nuestra estabilidad e integridad."





Wilhelm Voigt

Un día como cualquier otro de 1906, un alemán llamado Wilhelm Voigt nacido en Tilsit en 1849, entró en una tienda de rezagos militares y, tras un intenso regateo con el vendedor, logró obtener un uniforme de capitán del ejército prusiano a cambio de una valiosa estampilla (que en realidad no valía nada). En otro negocio conseguiría las botas. Acto seguido, y con porte señorial y caminar altivo, aparece en las barracas de Köpenick y ordena a un sargento y cuatro granaderos que le acompañen. Estos, al ver a tan imponente capitán (que por cierto nunca antes habían visto), no cuestionan ni por un momento la orden y le siguen en su marcha.

Ignorantes del bizarro evento que ocurriría a continuación, los soldados se sorprenderían al comprobar que su viaje tenía como meta las oficinas del gobierno de la ciudad. Una vez allí, el "capitán” les ordena marcialmente que arresten a Rosenkranz, el secretario del gobernador, y a Georg Langerhans, el gobernador mismo, bajo los cargos de corrupción y desfalco del tesoro público. Los hombres, perplejos por semejante orden pero temerosos de tan rígido capitán, procedieron al arresto de los culpables”de tan grave crimen, nientras Voigh tomaba como “evidencia” 4000 marcos y 70 pfennigs. Tras el arresto le ordena a dos de los hombres permanecer realizando guardia en las oficinas, y al sargento y los otros dos granaderos a llevar a los “culpables” a Berlín para interrogación. Luego de dar las ordenes, nuestro “capitán” se dirige hacia la estación de tren y desaparece.

Pasarían meses para ser encarcelado, mientras gozaba de una vida despampanante en los burdeles prusianos. Todo indicaba que recibiría la pena máxima por su crimen, sin embargo su hazaña le ganó la admiración del pueblo que no dejaba de burlarse de las fuerzas del orden a causa de lo sucedido. Semanas antes de su condena los disturbios fueron tales que el mismo Káiser Wilhelm II vetó la condena y le otorgó el perdón. Voigt, ni siquiera tuvo que devolver el dinero y tanta fue la fama del suceso que incluso levantaron un monumento en su honor. Desde entonces, Voigt se convirtió en una atracción de feria que recorrió media Europa y parte de América contando la historia del “capitán de Kopenick”; ganó lo suficiente para retirarse y, además, fue inmortalizado en varias obras literarias.

Exraido de: Merodeos e inquisiciones






 Till Eulenspiegel


Hay una cosa clara: a Eulenspiegel no le gustaban los señores feudales pero tampoco los artesanos. Till Eulenspiegel es una figura histórica, conocida por ser el prototipo del "bromista, pura insensatez, cínico, fanático de la verdad y sabio". Para nosotros, por el contrario, es el primer guerrillero de la comunicación; puesto que ya es una costumbre ancestral, especialmente en Alemania, rechazar como locura todo lo molesto o que cuestione el poder. Till Eulenspiegel fue reducido a una figura chistosa, y desde la "crítica ilustrada" se sigue utilizando la "bufonada" como reproche descalificador. De esta manera se une una vez más al poder, que desde siempre ha querido ridiculizar la crítica más radical.
Till Eulenspiegel parece que nació a finales del siglo XIII en Kneitlingen, junto a Braunschweig. El testimonio escrito más antiguo data del año 1515, en el que se dice de la figura de Eulenspiegel que el campesino paleto habría recorrido el país haciéndose pasar por el bufón del rey polaco Casimiro. La leyenda afirma, además, que todo el mundo se mofaba de Eulenspiegel y le tomaba el pelo, y que él reaccionaba dándole la vuelta a la tortilla. La mayoría de las veces se refieren situaciones en las que, por medio de juegos de palabras, consigue controlar la lectura de sus actuaciones:
Cuando Eulenspiegel le prometió al conde de Hesse pintarle pinturas magistrales en su castillo por 200 florines, se pulió medio sueldo en una semana. Pero dado que el pincel no era precisamente lo suyo, salvó la situación como sigue: tras acabar los "trabajos", le mostró al conde su inexistente obra, no sin antes haberle indicado que sólo podría ver las pinturas quien hubiera nacido de un matrimonio debidamente formalizado. Las figuras bufonescas como la de Eulenspiegel (y la de Shcwejk) destacan por su esfuerzo por actuar siguiendo el reglamento estricto, acatar literalmente las leyes y comprender los conceptos según su definición formal. Con toda modestia, dejan que la sociedad les imponga estas normativas, leyes y definiciones, y se permiten el lujo de "tomarse muy en serio nuestro quehacer cotidiano, nuestros juicios y justificaciones evidentes. Y esto significa tomárselas al pie de la letra". Los éxitos de Eulenspiegel se basan en sus conocimientos en la gramática cultural y en su capacidad de desplazar desapercibidamente el significado de afirmaciones aparentemente unívocas:
A Eulenspiegel su Señor le condena a que abandone su tierra y propiedades bajo amenaza de castigos durísimos. Poco después, el Señor avista a Eulenspiegel en un carro de tierra tirado por un burro. Cuando entonces quiere demandar a Eulenspiegel a causa de la condena violada, Eulenspiegel le replica que él ha respetado al pie de la letra la condena. La tierra del carro es tierra ajena y el carro es propiedad suya -de Eulenspiegel.
Eulenspiegel sabe demasiado bien cómo trata el poder a aquellos que se le oponen. Los débiles no tienen otra posibilidad de plantar cara al poder que llevar tan lejos las pretensiones de éste que se vuelvan en su contra.
Allá donde se presentaba Eulenspiegel, los padres se quejaban de que éste con su mala influencia provocaba la lujuria en los niños, y el gremio de payasos tampoco quería saber nada de alguien que se mofaba de ellos con sus obras. Muy pronto los escribidores de libros se hicieron eco de esta disputa. Para unos, el buen Eulenspiegel es aquel que influye constructivamente en la obra y el pensamiento de las personas; para los otros, él no es más que una figura moralmente deplorable que no piensa en otra cosa que en provocar desorden y discordia entre el pueblo.
La figura de Eulenspiegel, el cual, tal como vivió, fue un buen aprovechado, bribón, cara dura e impostor, hace 450 años se encuentra presente en la literatura. Desde mediados del siglo XVIII, las educadoras trabajan en una reconversión de Eulenspiegel, que ahora ha de servir más para divertir que para amedrentar. Hoy en día hasta los niños pueden representar la vida de Eulenspiegel en los grupos de teatro de las escuelas.

Extraido de: Manual de Guerrilla de la Comunicación.

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